No somos los más baratos.
Porque trabajamos con materiales de primera calidad y seleccionamos los más adecuados para cada ocasión, sin atarnos a un único proveedor a cambio de descuentos. Estudiamos su caso mucho más allá de pedirle facturas del año pasado y planificamos su instalación con un detalle casi obsesivo, sin improvisaciones y con documentación detallada de la misma, informándole con claridad antes, durante y después del proceso.
No se lo instalamos mañana.
No hay lugar para la prisa en una instalación que va a operar durante décadas. Redactamos protocolos de instalación exhaustivos e individualizados para cada cliente, de manera que se pueda seguir en tiempo real el desarrollo de la instalación y asegurar la calidad de la misma. Seleccionamos instaladores expertos e incluso, si es necesario, construimos una maqueta de su tejado para formar a los instaladores.
Le pedimos cosas que otros no.
Cosas como planos de su cubierta con el detalle constructivo de la misma. O fotografías de la construcción. O los planos de la instalación eléctrica.
Y, si no los tiene, inspeccionamos y tomamos medidas in situ hasta estar seguros de cada detalle.
Una foto de Google Maps no es suficiente: no contar con la información adecuada puede resultar en una instalación improvisada que no opere correctamente, cause goteras o incluso problemas más graves.
Y tenemos pocos clientes.
Aceptamos sólo los trabajos que podemos realizar sin renunciar a nuestra forma de hacer las cosas. No inundamos las urbanizaciones de vendedores para después subcontratar instaladores a última hora, que trabajan bajo presión y siempre con retraso.
No creemos en un modelo de negocio basado en acabar deprisa, correr a la siguiente instalación y volver después a arreglar las chapuzas (si el cliente se da cuenta, claro). Queremos que la experiencia del cliente sea óptima, y trabajamos para ello en cada aspecto como si de nuestra propia casa se tratase.
